MUCHAS PROTESTAS

10 de Enero de 2017

Edgar Cortez

Martes 10 de enero de 2017

 

La primera semana del año estuvo marcada por numerosas y diversas protestas. ¿A qué apunta  tanta inconformidad social?

El antecedente inmediato son los proverbiales actos de corrupción conocidos en los últimos tiempos. La casa blanca, la casa de Malinalco, el desfalco de Duarte en Veracruz, la huida del ex gobernador Yarrigton en Tamaulipas, los excesivos bonos y aguinaldos de altos funcionarios y legisladores. Hay un profundo enojo por la enorme brecha de la desigualdad entre la población –mayoritaria- y la clase política.

A lo anterior se añade el aumento de la gasolina, que trae un aumento en el costo de la vida. La respuesta han sido las protestas. Trato de identificar algunos de los distintos tipos que se han sucedido.

Parte de las protestas han sido convocadas espontáneamente por algunas personas o bien un grupo a través de redes sociales. La forma de la protesta ha sido desde salir y marchar públicamente, tomar una caseta, bloquear una carretera o tomar instalaciones de PEMEX.

Otras han sido convocadas por organizaciones cuya actividad se ve afectada fuertemente por el alza de las gasolinas, como es el caso de los pequeños transportistas, advirtiendo que se amenaza la viabilidad de su fuente de trabajo e ingreso.

Un tercer tipo son las realizadas por grupos de personas que han optado por saquear grandes tiendas departamentales o tiendas de conveniencia de cadenas comerciales. Estas, sobre todo, han estado integradas por jóvenes.

No pretendo describir la totalidad de las manifestaciones de protesta sino ejemplificar la diversidad. Sin embargo, buena parte del debate se ha cargado hacia las acciones de protesta violenta, para descalificar toda acción de reclamo, poniendo en entredicho el derecho a la protesta e incluso llegando a proponer que dado hechos de este tipo se debería retirar a la ciudadanía el derecho de libertad de expresión.

Respecto de este universo de malestar social es necesario dilucidar qué modula las distintas formas de protesta. Las primeras pueden expresar el sentir de personas que nunca han estado organizadas, que no les  gusta “la  política”, pero que ven la necesidad de expresar su enojo pues su vida individual seguramente se va a deteriorar aún más.

El segundo tipo son reclamos de gremios que ven seriamente afectado su trabajo y llaman la atención sobre la posibilidad de perder su patrimonio. Estas dos formas aún creen en el Estado de Derecho y protestan pacíficamente.

El tercer tipo puede ser la expresión de los grupos históricamente excluidos, que han experimentado sistemáticamente la carencia  y falta de oportunidades. Puede ser que los mueva un sentimiento de revancha, un pequeño reclamo por la histórica falta de oportunidades a la que han estado condenados. No creen en las leyes ni en el  Estado de Derecho pues saben que sólo aplica para quienes tienen poder.

No estoy justificando las acciones de rapiña pero si trato de llamar la atención para no descalificarlas sin más, pues son parte del profundo malestar que existe en la sociedad y que para nada resulta homogéneo.

Sin embargo, estos actos vandálicos –que pueden dar pie para justificar la represión- también son aprovechados por grupos políticos como Antorcha Campesina, afín al partido en el poder. Estas actuaciones abren otras interrogantes: ¿por qué exacerbar la protesta? ¿a quiénes benefician estos hechos?

La diversidad también está presente en cuál es la demanda y propósito de las protestas. ¿Qué baje la  gasolina? ¿Qué renuncia el Presidente? ¿Qué cambie la política económica?

Creo que estas protestas deberían aspirar a lograr que el debate se centre en la mejora del salario y en evitar que siga perdiendo poder adquisitivo, a la necesidad de crear mecanismos fiscales efectivos para combatir la desigualdad, así como a la urgencia de poner un alto a persistente impunidad.