La ruta para ir de de la PGR a una Fiscalía autónoma

25 de Octubre de 2017

Edgar Cortez

Cuándo nos preguntamos por las posibilidades de transformar una institución pública, uno de los dilemas que afloran es si el asunto es de personas o de la estructura institucional. Este es el debate que se ha venido dando en los últimos meses respecto de la transformación de la Procuraduría General de la República (PGR) a Fiscalía General de la República (FGR).

En octubre de 2016, cuando el Presidente Peña Nieto propuso a Raúl Cervantes como Procurador General de la República, la lectura sugerida era que este personaje era elegido para convertirse en el primer Fiscal General. Posteriormente el asunto derivó en el hashtag #FiscalCarnal. La idea subyacente era que la elección no estaba construida en el mérito sino en la cercanía al círculo de poder.

El 29 de septiembre de 2017 dos colectivos convergieron en una única demanda: una fiscalía independiente y efectiva. La demanda se expresó públicamente en el Ángel de la Independencia. A partir de ahí el esfuerzo de este grupo se concentró en precisar que el quid de la cuestión no giraba en torno a la persona sino sobre el diseño de la institución.

La discusión se fue moviendo lentamente para colocarse en esta última perspectiva. Ese fue el tono del diálogo entre el colectivo #VamosporunaFiscalíaqueSirva y las mesas directivas del Senado y la Cámara de Diputados, así como con las dirigencias del PRI, del Frente Ciudadano por México y MORENA.

El debate avanzaba en esa dirección hasta que sucedió el sismo del 19 de septiembre. La coyuntura cambió y la agenda pública se modificó drásticamente.

El 16 de octubre se anunció la renuncia del Procurador General de la República. Esta decisión regresó el debate a los temas personales. ¿Raúl Cervantes podría postularse cómo Fiscal General? ¿Cuál tendría que ser el perfil de Fiscal General? ¿En el perfil del Perfil General podría caber el de Raúl Cervantes?

De nueva cuenta se extraviaba la pregunta nuclear. ¿Qué institución requiere el país para combatir delitos complejos como son la desaparición forzada de personas cometida por servidores públicos, la delincuencia organizada o el financiamiento público de las campañas políticas proveniente de la corrupción?

Esta pérdida de enfoque se acentuó luego de la destitución del Fiscal Especializado de Atención a Delitos Electorales (FEADLE), el pasado 20 de octubre. La discusión ahora gira en torno a la pertinencia de la destitución o si detrás existe una inconfesable motivación política.

Una vez que haya pasado la polvareda, será indispensable restablecer las coordenadas de la discusión sobre cómo convertir una institución anómala, como es la PGR, en otra que resulte acorde al reclamo de combate efectivo a la corrupción e impunidad.

La discusión tiene que correr por las siguientes vías. Primer paso, reforma integral del artículo 102 constitucional. Segundo, elaboración de la ley orgánica –es decir la que establece cómo estará organizada- de lo que será la Fiscalía General de la República. Tercero, elección de un Fiscal independiente e idóneo para la función que tiene que desempañar. Cuarto, la elección de los Fiscales especializados, que también deben ser autónomos e independientes.

La ruta está clara, pero la voluntad política es incierta.

 

@EdgarCortezm

Foto de portada: Armando Monroy / Cuartoscuro / Archivo.