La desaparición de mujeres como parte de la violencia feminicidaHistoria de seis casos en méxico

UN LUGAR.

En Álamo Veracruz, Diana Celina juega en las calles y el aire huele a naranja. La vida transcurre entre la escuela, los amigos y la familia, en un municipio de pocos habitantes. En los siguientes años, la violencia del país se come al estado de Veracruz, las noticias hablan de muertos y balaceras y el aire a veces huele a miedo. Mientras tanto, Diana Celina se aferra a sus sueños, quiere viajar y conocer el mundo. A los 18 años, se despide de sus padres para estudiar comercio internacional en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

LA ÚLTIMA LLAMADA.

Diana Celina termina la licenciatura y comienza a trabajar en empresas de importación. A los 24 años, lleva año y medio trabajando en la empresa Jaz Forwarding México. En este medio laboral, por amigos en común conoce a Sergio quien se enamora y le pide a Diana ser pareja, pero ella no siente lo mismo, está en un momento de su vida en el que prefiere estar soltera, viajar y conocer, así que permanecen como amigos. El 20 de diciembre de 2019 cuando la empresa en la que trabaja Diana tiene un convivio navideño que los compañeros y compañeras deciden continuar en el Karaoke Cantabria, en la ciudad de Puebla. Alrededor de las 12 de la madrugada Diana y Sergio se retiran juntos del lugar, abordo del vehículo de Sergio

Ese día a las a las 6:18 pm Diana tuvo comunicación con su familia por última vez.

EVIDENCIA.

El 21 de diciembre Sergio habla por teléfono con los papás de Diana y les dice que la noche de la posada ellos discutieron y dejó a Diana cerca de un supermercado y que no volvió a saber de ella.

El domingo 22 de diciembre Sergio les comunica a sus padres que pasará el Año Nuevo en Acapulco. Por un ticket y unos videos de cámara de vigilancia, se sabrá que ese fin de semana Sergio compró en Home Depot diferentes herramientas, entre ellas una pala que será recuperada más adelante, en una barranca de la carretera del Sol.

LA BÚSQUEDA DE DIANA.

El 23 de diciembre, aún sin tener noticias de su hija, los padres hacen el viaje de seis horas para buscarla y poner la denuncia por desaparición en la fiscalía de Puebla.

Este año, no hay celebración de navidad para la familia. Sólo el departamento silencioso sin Diana; la ciudad festiva, grande y ruidosa resulta dolorosa para los padres que entre dolor y angustia se preguntan por el estado de salud de su hija. El mismo 23 de diciembre en el que los padres de Diana inician una carpeta de investigación por desaparición, una patrulla encuentra el cuerpo de Sergio con un balazo en la cabeza, a bordo de su vehículo estacionado en un acotamiento de la Autopista de Sol, con dirección a Acapulco. Dentro de su vehículo se encontró un arma, así como diversas municiones. La Fiscalía sostiene que Sergio se suicidó con base en un peritaje de rodizonato de sodio en el que se concluyó que tenía restos de plomo y bario en su mano derecha, sin que tenga los mismos restos en su mano izquierda.

La Fiscalía de Guerrero no se plantea ninguna otra hipótesis, ni toma en consideración que además de la herida de bala, Sergio presenta lesiones en sus piernas y cerca de los ojos.

Es suficiente confirmación que en su vida haya antecedentes de intentos de suicidio, que en su historial de salud mental se encuentren episodios depresivos, problemas de celos y conductas de violencia detonados por la ruptura de una relación de cinco años a finales de 2018.

Pero Diana no se encuentra en el automóvil por lo que las búsquedas por parte de su familia continúan.

FRAGMENTOS.

El 26 de diciembre, a la altura del Puente Solidaridad, a casi 100 km antes de donde se encontró el cuerpo de Sergio, una persona que pasaba por el lugar da aviso a las autoridades de haber encontrado lo que parece un cuerpo, consistente únicamente en el torso, el brazo y la mano de una persona.

La Fiscalía de Guerrero llega al sitio, en los márgenes del Río Balsas a las ocho de la noche, el cuerpo está envuelto en bolsas negras y encuentran rastros de la actuación de la fauna local sobre el cuerpo. Con la excusa de ser de noche, no se realiza una búsqueda exhaustiva para encontrar más restos, y hacen el levantamiento de lo que ven a simple vista.

La familia de Diana no fue notificada sobre este hallazgo ni sobre la posibilidad de que se trate de su hija. De alguna forma, la fiscalía de Puebla asume que podría tratarse de Diana y se lleva los restos para hacer una confronta genética.

Los padres se enteraron del hallazgo a través de los medios oficiales de la Fiscalía General del Estado de Puebla, y pagaron 50 mil pesos para una prueba genética independiente, para corroborar que el cuerpo hallado seis días después de la desaparición es el de su hija Diana.

LA VERDAD.

Más de dos años y medio después de la desaparición y feminicidio de Diana, su familia sigue sin conocer la verdad histórica de lo que le sucedió a su hija desde el 20 de diciembre de 2019.

La investigación permaneció largo tiempo en la fiscalía especializada de personas desaparecidas de Puebla sin enviarla a la fiscalía de feminicidios. Además, la investigación está dividida entre los estados de Puebla y Guerrero sin que exista colaboración entre las instituciones de ambos estados.

Los padres de Diana todavía desconocen las circunstancias en que ocurrieron los hechos, el lugar en el que su hija fue asesinada y el sitio en el que se encuentran los restos faltantes del cuerpo. Debido a que el presunto responsable, Sergio, fue hallado sin vida, las autoridades no han mostrado la disposición de seguir investigando lo que ocurrió y descubrir, principalmente, si alguna otra persona tuvo participación en la desaparición y asesinato de Diana, lo que vulnera los derechos humanos a la verdad, justicia y reparación de su familia.

CÓMO CONTINUAR.

Los padres de Diana reciben amenazas por seguir investigando el feminicidio de su hija y deben hacer cansados viajes para presionar a las autoridades de la Fiscalía de Puebla para que cumplan con los actos de investigación faltantes como cateo de inmuebles, entrevistas, careos, entre otros.

La vida después de Diana Celina se ha vuelto irreconocible. Junto a su fotografía graduándose de la universidad, permanecen los sueños y grandes aspiraciones que no podrá realizar.

Mientras esperan a que llegue la tan ansiada verdad y justicia, los padres de Diana se acompañan de otras madres, de otros padres, a quienes, de maneras similares, les han arrebatado a sus hijas. Fuera de la Fiscalía General de Puebla, sus gritos se vuelven uno solo.

EL AMOR POR SUS HIJAS.

Paty, mamá de Zyanya, y Lourdes, mamá de Diana, gritan por sus hijas, por los besos que les faltó darles y por los abrazos que continúan pendientes.

Permanecen de pie, ante los embates de la injusticia, ante lo burocrático e insensible de nuestras instituciones, ante la criminalización de la sociedad, por no haber cuidado más a sus hijas, por haberlas dejado estudiar fuera de casa, por impulsarlas y permitirles volar tan alto como desearan, por retener en sus estómagos el miedo de verlas salir, solitas, a enfrentar el mundo.

Aun así, Paty y Lourdes permanecen de pie, aunque los años pasen, aunque sus corazones se cansen, aunque la vida les duela.

Paty y Lourdes resisten por las suyas, por las que vendrán, por todas nosotras.

A Paty y a Lourdes, más allá de lo terrible, de la habitual impunidad del país, las une el amor por sus hijas, ese amor que quema por dentro, que las mueve a seguir caminando, a seguir cantando, a seguir luchando por un mundo en el que nadie más viva lo mismo que ellas. Para que en ninguna otra casa falte una Diana, para que a ninguna otra le rompan los sueños.

Ese amor que posibilita que quede la esperanza y que, de la muerte, sus hijas renazcan en la digna lucha.