Fotografías: Miguel Zamora
Durante dos días, colectivos de familiares de personas desaparecidas del norte y sur de México nos encontramos para compartir memorias, estrategias y aprendizajes sobre cómo la desaparición se ha instalado, transformado y territorializado en el país.

Las y los familiares construyeron escenarios donde la búsqueda no estuviera marcada únicamente por la urgencia y el dolor, sino también por la capacidad de agencia colectiva.
El diálogo propiciado por Red Lupa permitió a los colectivos de familiares no solo nombrar las violencias vividas por ambas regiones, sino también imaginar respuestas colectivas frente a los desafíos presentes y futuros. En un contexto donde la violencia no reconoce fronteras, el encuentro se convirtió en un espacio para reconocerse en el dolor, pero también en la resistencia, la dignidad y la esperanza.
¿Para qué nos encontramos?
El encuentro tuvo como objetivo principal dialogar sobre la emergencia y expansión de la violencia en el sur del país y los desafíos que esto plantea para la búsqueda de personas desaparecidas, a partir de las experiencias acumuladas en el norte, donde este fenómeno se manifestó más temprano y de manera sistemática.
A lo largo de una línea de tiempo colectiva, las y los participantes compartieron cómo la desaparición se ha transformado en sus territorios, los distintos actores involucrados y los obstáculos que enfrentan cotidianamente frente a autoridades omisas, negligentes o directamente cómplices.

Necesitamos conocer el contexto para encontrar a nuestros familiares desaparecidos. Tener el contexto de la desaparición nos permite saber para dónde jalar
Silvia Chica, directora del IMDHD
Reconocer los distintos “formatos” de la desaparición detenciones, levantones, desplazamientos forzados, redes criminales, se volvió una herramienta fundamental para diversificar las estrategias de búsqueda.

Uno de los aprendizajes centrales fue entender que la violencia no es local, sino nacional: los grupos criminales operan en múltiples estados y replican sus prácticas de control territorial.
Me doy cuenta que todas y todos estamos vinculados. Lo que pasa en el norte se está replicando en el sur
María Isabel Cruz Bernal, del colectivo Sabuesas Guerreras
Por ello, uno de los acuerdos fue la necesidad de fortalecer las búsquedas generalizadas en distintos estados, aún cuando las autoridades las limiten bajo el argumento de la falta de líneas de investigación. Para las familias la lógica es otra: “Nuestro familiar puede estar en cualquier lugar, porque así opera la violencia, porque no tiene fronteras”.
Si yo lucho por el mío, lucho por el de todos. Cada búsqueda es buscarlos a todos
Artemisa Ramirez Ortiz, FUNDEC
El encuentro también buscó generar un espacio de intercambio horizontal de saberes entre colectivos: compartir herramientas jurídicas, formas de organización, estrategias de búsqueda, mecanismos de cuidado colectivo y experiencias de exigencia al Estado.

Lo que aprendemos tenemos que pasarlo a las compañeras, que el conocimiento no se quede solo en nosotras. Necesitamos unirnos y enseñarnos las unas a las otras porque nunca se deja de aprender”
Pensando al futuro como posibilidad

Además del diagnóstico, el encuentro abrió un espacio para imaginar futuros posibles. Las y los familiares construyeron escenarios donde la búsqueda no estuviera marcada únicamente por la urgencia y el dolor, sino también por la capacidad de agencia colectiva.
En estos ejercicios, las familias perfilaron escenarios donde la verdad, la memoria y la justicia fueran posibles. No se trató de negar la realidad, sino de disputarla: pensar qué tendría que cambiar para que las búsquedas no fueran una condena de por vida.
La esperanza es muy necesaria para seguir luchando. La palabra esperanza no debe desaparecer de nuestro vocabulario
Guadalupe Fernández Martínez
Para muchas, imaginar el futuro fue también una forma de resistir al desgaste, al miedo y a la incertidumbre.








Síntesis y horizonte colectivo
Al cierre del encuentro, las familias coincidieron en que la búsqueda no es solo un acto individual, sino una lucha colectiva por los más de 100 mil desaparecidos en México. “Si yo lucho por el mío, lucho por el de todos. Cada búsqueda es buscarlos a todos”.
Se nos va la vida y tenemos que exigir, porque no tenemos la vida comprada. Tengo miedo de irme sin saber dónde está mi hija, y sin recuperarla
Óscar Sanchez Viesca López de Grupo Vida
El Estado fue nombrado con claridad: actor, cómplice o negligente. Pero también se nombró algo más fuerte que el abandono institucional: la organización de las familias, su capacidad de aprender juntas, de sostenerse emocionalmente y de construir memoria frente al olvido.


De norte a sur, el encuentro dejó una certeza compartida: aunque la violencia se expande, también lo hacen las redes de resistencia. En medio de uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de México, las familias siguen construyendo futuro, desde el dolor, pero también desde la esperanza. Porque, como se repitió en varias voces, mientras haya dignidad, memoria y lucha colectiva, la desaparición no logrará imponerse como destino.