Por: Edgar Cortez
La visita de un alto diplomático en materia de derechos humanos a México sirve si tiene como resultado alguna acción concreta en el mismo país, si eso no sucede es una especie de visita de cortesía.
Para poner en perspectiva la reciente visita de Volker Túrker a México, repasemos las visitas previas de Altos comisionados de derechos humanos a nuestro país.
La primera fue la de Mary Robinson, en noviembre de 1998, y esa visita tuvo como resultado la firma del Acuerdo de cooperación técnica entre su oficina y el gobierno mexicano el 2 de diciembre del año 2000.
Un par de años más tarde se instaló la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos en México.
La segunda visita que hizo Louise Arbour, del 5 al 8 de febrero de 2008, que impulso las reformas al sistema de justicia y atender a los feminicidios.
La tercera visita a México fue de Navanethem Pillay, del 4 al 8 de julio de 2011, que promovió la ley de protección a personas defensoras y periodistas, así como la creación del mecanismo de protección a estos grupos.
La cuarta visita correspondió a Zeeid Ra’ad Al Hussein, del 5 al 7 de octubre de 2015. A esta visita le antecedió la presentación del informe del relator de tortura, Juan Méndez, quien señaló que la tortura era generalizada en el país. El relator fue descalificado por el gobierno de ese entonces.
En la conferencia final de esa visita el Alto Comisionado dijo lo siguiente:
[…] ha sido una sorpresa para nosotros cuando el Relator Especial de la ONU sobre la tortura, Juan Méndez, al publicar su reciente informe sobre México, fue sujeto de virulentos ataques personales por parte de algunos políticos, a pesar de que la prevalencia de la tortura ha quedado bien establecida…
Mi mensaje sobre esta reciente y preocupante tendencia, que se contrapone al papel constructivo de México en el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, es el siguiente: en lugar de matar al mensajero, enfoquémonos en el mensaje. Todos estamos de su lado.
La quinta visita le correspondió a Michelle Bachelet, del 5 al 9 de abril de 2019, la cual, por la vía de los hechos, no tuvo mayor trascendencia.
La sexta y última visita fue la de Volker Türk, que inició 19 de abril y terminó el 22 del mismo mes de 2026.
A esta visita le precedió la difusión del informe emitido por el Comité contra la desaparición de la ONU (CED) señalando que las desapariciones en México son generalizadas y sistemáticas, así como la solicitud para que el asunto sea llevado a la asamblea general de Naciones Unidas. El gobierno mexicano cuestionó duramente el contenido del informe y descalificó por completo al CED.
Conferencia de Prensa: Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos visita México
Volviendo a la visita del Alto comisionado, lo primero a destacar es que pareció organizada de manera apresurada. Apenas el 10 de abril se empezó a informar oficialmente de su visita, a diferencia de las anteriores visitas donde se informó de su realización con bastante anticipación y también se difundía la agenda de éstas. En esta ocasión la agenda nunca fue pública.
Ante la carencia de información y que las familias de personas desaparecidas no habían sido convocadas para reunirse con el Alto Comisionado, éstas le escribieron exigiendo que se reunirá con ellas. Lo que finalmente sucedió, no sin el reclamo de familiares que no pudieron participar.
A consecuencia de la incertidumbre sobre la visita y lo que sucedía con el CED, un grupo de organizaciones y víctimas le escribieron una carta al Alto Comisionado solicitando que respaldara al CED.
El 19 de abril, previo a la reunión entre el Alto Comisionado y organizaciones de derechos humanos, conocimos la respuesta, en la que destaca lo siguiente:
El Alto Comisionado tiene muy en cuenta las evaluaciones de los demás componentes del ecosistema de derechos humanos, incluidos los órganos creados en virtud de tratados como el Comité contra las Desapariciones Forzadas, en el ejercicio de su mandato.
En la misma reunión las organizaciones le reiteraron la descalificación al CED por parte del gobierno mexicano y le pidieron que respaldara al mismo como lo hizo su predecesor en el caso del Relator de tortura en 2015.
En la reunión entre el Alto Comisionado y organizaciones civiles, se dialogó sobre 9 temas a petición de él mismo: Seguridad y estado de derecho, desaparición, tortura, libertad de expresión, defensores, género, pueblos indígenas, empresas y derechos humanos y personas con discapacidad.
De cada tema se le presentaron las problemáticas y los retos urgentes de atender.
La conferencia de prensa con la que concluye la visita del señor Volker Türk resultó anticlimática respecto de las expectativas de las víctimas y de las organizaciones civiles.
De los temas que informaron las organizaciones de derechos, el Alto Comisionado se refirió centralmente a la desaparición y a la situación de personas defensoras de derechos humanos.
En esta casó elogió el Mecanismo de protección a personas defensoras de derechos humanos y periodistas, pues lo puso como ejemplo y particularmente por la participación de la sociedad civil en su esquema de gobernanza.
Este énfasis contrasta con que en la reunión que sostuvo el Alto comisionado con la secretaria de gobernación participaron todas las autoridades que forman parte de la junta de gobierno del Mecanismo de protección, y los únicos ausentes fueron los integrantes del consejo ciudadano (periodistas y defensores de derechos humanos) que también son parte de la junta de gobierno. Es decir, el elemento ejemplar fue excluido.
El respaldo al CED tampoco sucedió. El principal responsable de los derechos humanos de la ONU guardó silencio respecto de la descalificación hecha al CED por parte del gobierno.
En cuanto a acciones concretas próximas, el Alto comisionado manifestó:
Le trasladé al Gobierno y a todos mis interlocutores la disposición de mi Oficina a proporcionar asistencia técnica, apoyo y seguimiento a dichos esfuerzos. Vamos a trabajar conjuntamente para identificar pasos concretos para acompañar este proceso.
Pero respecto de esta posibilidad no hay nada en concreto. No se ha dicho cómo, cuándo, con qué y para qué.
El mensaje no fue contundente, y si además le sumamos la debilidad actual de la ONU, que se nota en el adelgazamiento de la oficina en México, las posibilidades que la visita logre efectos concretos parecen poco probable.
Las organizaciones civiles no esperábamos un milagro, pero si un mensaje que diera impulso a nuestras exigencias y trabajos cotidianos. Ese mensaje no llegó.